Fraudes, sobornos y estafas digitales: ¿cómo afrontarlas/solucionarlas?

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La seguridad informática es de suma importancia tras la llegada de las nuevas tecnologías a las empresas. Nuestro comportamiento frente a Internet y el acceso a sus diversas páginas y plataformas debe realizarse siguiendo ciertos pasos que prevengan los fraudes y las estafas de internet.

Las amenazas de ciberseguridad y otros delitos están a la orden del día, manifestándose en un simple enlace, en una fotografía, desde un correo o  una llamada, entre otras muchas posibilidades. Es de suma importancia conocer los tipos de estafas y cómo enfrentar estas situaciones.

Tipos de fraude informático más comunes y su forma de prevenirlas

Te presentamos los que, más habitualmente, suponen un riesgo para empresas de ciberseguridad:

Carding

Uso de una tarjeta sin nuestro consentimiento. Debemos usar paypal como intermediario o ingresar los datos de nuestras tarjetas solo en sitios reconocidos y seguros.

Phishing

Son emails que aparentemente provienen de sitios fidedignos, pero cuya dirección está escrita de manera incorrecta. A veces son imperceptibles y nos solicitan información delicada, como nuestra tarjeta de crédito o la dirección, para utilizarlas posteriormente con fines fraudulentos. Revisar con calma la dirección desde la que nos envían los correos, así como los hipervínculos incluidos en los mismos, son acciones que nos ayudará a evitar futuros problemas. Además muchas compañías tienen por política no solicitar datos vía email, conocer estas políticas puede resultar muy útil.

Pharming

Es una variante del phishing en la que se aprovechan de una vulnerabilidad en la página web oficial de nuestra empresa para crear un enlace a su página web fraudulenta.

El servicio Transparency de Google nos ayudará a determinar el origen de la empresa detrás de la web sospechosa.

Vishing o smishing

Son llamadas telefónicas o mensajes de texto que nos ofrecen alguna recompensa o premio a cambio de información privada o dinero.

Spamming

Son correos electrónicos con mensajes de promociones que acaban en un corto período, con la intención de forzarnos a acceder al sitio y comprar o entregar nuestros datos.

La lista es casi eterna, ya que existen también páginas web con falsas multas, falsos premios, falsos virus, etc. El listado suma y sigue con el fraude en internet. También nos podemos encontrar con ventas de artículos falsas, negocios inexistentes e interesadas pseudo caridades que ponen en riesgo la seguridad activa y pasiva de nuestra empresa.

Pero no todo está en nuestro mail o páginas web. Los fraudes se han trasladado también a las redes sociales, ofreciéndonos servicios y complementos externos, como por ejemplo cambiar de color nuestro Facebook, cuando lo que realmente hace es ingresar en nuestro teclado para leer cada letra escrita y robar información sin que lo notemos. Por todas estas razones es muy importante contar con políticas de ciberseguridad en las empresas.

¿Qué medidas podemos tomar para evitar el fraude informático?

En cuanto a seguridad activa informática, lo principal es desconfiar de todo sitio, de los precios más baratos, de las ofertas excesivamente buenas para ser ciertas. Es importante verificar la veracidad e identidad del sitio web para evitar cualquier amenaza de ciberseguridad.

Google ofrece dos servicios que nos permiten saber si una página web es segura o no: los HTTPS y los SSL. Se trata de protocolos de seguridad que establecen un canal seguro entre ordenadores conectados a través de Internet o a una red interna. Si se detecta que una página web cuenta con ellos (lo puedes ver presionando el ícono de la izquierda junto a la dirección web), podemos estar seguros de que contamos con la seguridad apropiada, aunque esto no implica que dejemos de tomar ciertas medidas, tales como:

– Acudir a fuentes oficiales: si recibimos un mail sospechoso, contactaremos por otra vía a la dirección oficial del sitio y los contactaremos de otra forma.

– Resistirnos a las propuestas demasiado tentadoras: averiguando qué hay detrás de ellas, buscando información en otras fuentes y navegando por Internet para recabar datos.

– No entregar información de crédito directamente. Utilizamos tarjetas de prepago o especiales para internet en las que tengamos cantidades pequeñas de dinero. Consultaremos regularmente nuestros movimientos bancarios para detectar si existen movimientos sospechosos. Almacenaremos nuestros recibos y correos electrónicos de las compras que realicemos.

 

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